02/04/2020.- La motorista Margot Llobera posa junto a un vehículo de la Cruz Roja en Andorra. Foto cedida por Margot Llobera SÓLO USO EDITORIAL/NO VENTAS/NO ARCHIVO

Margot Llobera, la motera que fabrica mascarillas

Óscar Maya Belchí | EFE Madrid - 10 abril, 2020

El coronavirus ha pospuesto los planes de muchos, pero la ilusión de Margot Llobera (Andorra, 1996) por participar por primera vez en el Dakar sigue más latente que nunca. La piloto, que en 2019 completó con éxito el raid de las 1.000 Dunas, tiene las ideas claras y, sin renunciar a sus objetivos deportivos, durante la crisis sanitaria ha decidido poner su pasión al servicio de los demás y se ha bajado de la moto para fabricar mascarillas con una impresora 3D.

Aunque extraña subirse a la moto durante este confinamiento, Llobera destina ahora su tiempo junto a Cruz Roja a ayudar a quienes más lo necesitan.

Así, miércoles y jueves reparte comida a quien hace falta y, por las tardes, se dedica a fabricar mascarillas con su propia impresora 3D.

La idea fue de la Asociación “Andorra Makers” que, después de copiar la iniciativa a otros países, pasaron a Llobera el diseño, la tolerancia y medidas de higiene necesarias para diseñar las mascarillas en la impresora.

Y mientras ayuda a los demás, la motociclista sueña con cómo será ese abrazo en el reencuentro con sus abuelas cuando pase la epidemia y, también, en subirse a la moto, momento en el que “habrá que tener cabeza para no hacerse daño” por un exceso de ganas.

Pregunta.- ¿Cómo está llevando la cuarentena?

Respuesta.-  Bien, un poco triste por todo lo que está pasando, pero a nivel personal sigo igual. Entrenando en casa, sin poder hacer moto, pero esto es secundario. En casa, como mi madre era entrenadora personal tenemos algunas mancuernas, gomas, un TRX… y, con este material, mi entrenador me hace entrenamientos personalizados.

P.- Como sabe España es uno de los focos del coronavirus en Europa, ¿cómo se vive esta pandemia en Andorra?

R.- Por lo que he entendido, aquí está más controlado. El tercer día que empezó a haber casos de positivos cerraron todo, solo dejaron supermercados y farmacias, por lo que la curva es mucho más progresiva. Solo tenemos un hospital, así que tiene que ser así. Por ahora más controlado que en España.

P.- Usted está muy involucrada en la lucha contra el coronavirus, ayudando con Cruz Roja por las mañanas. ¿Cómo es su tarea?

R.- Voy los miércoles y jueves, yendo a por comida ya hecha. Básicamente lo que hacemos es repartir esta comida a gente que le hace falta, que no puede moverse o que es población de riesgo. Vamos allí y simplemente les damos la comida; siempre protegidos y con medidas de desinfección. Yo no tengo a nadie de riesgo en casa y hay que ayudar.

P.- Imagino que se habrá encontrado con alguna de esas historias que le hacen pensar cuando vuelve a casa…

R.- Llevo muy poco y el contacto es breve, pero sí que por ejemplo gente que no ve. Que no caes en eso, pero que primero tienen que llegar hasta allí y luego palparlo todo. Hay casos curiosos y la gente es muy agradecida.

P.- Y por las tardes fabrica mascarillas con su propia impresora 3D. ¿Cómo surge esta idea?

R.- La verdad es que a mi padre le encantan estas cosas. La compró porque se quiso hacer una rumba, pero para cortar el césped. La tenemos por eso. Y lo de las mascarillas fue idea de la Asociación ‘Andorra makers’, gente que hace sus propias cosas, y recogieron esta iniciativa de otros países. Nos pasan el diseño, la tolerancia, medidas de higiene… y se las damos a la Cruz Roja para que ellos las repartan donde hagan falta. Además cubren también los ojos, que es otro punto de infección. Al final lo que hago es lo mínimo.

«Los que de verdad están haciendo son los que están en primera línea como los médicos, enfermeros, farmacéuticos, la gente de los supermercados…desde aquí les quiero decir que “muchas gracias y mucha fuerza”.

P.- ¿Cuánto se tarda en hacer una mascarilla?

R.- Más o menos una hora. Luego hay que sacar las rebabas porque al final los médicos tienen que estar muchas horas; lo pulimos con una lija y se lo damos a la Cruz Roja.

P.- La epidemia del coronavirus ha trastocado también planes deportivos, pero en su cabeza sigue estando el participar en el Dakar 2021. ¿Cómo lleva este objetivo?

R.- Bien, seguimos trabajando y buscando alternativas, porque es más complicado con esta situación. Lo que puedo hacer ahora es darle ánimos a las empresas que me han ayudado hasta ahora, no estoy en un momento para pedir. Es momento de estar juntos con esto y cuando pase este mal trago volveremos a empezar. Seguimos trabajando en cuanto a comunicación y patrocinadores, pero nos lo tomamos con calma porque tampoco hay fecha de carreras y la propia organización tiene que ir, mínimo, dos veces allí a marcar el recorrido.Me lo sigo tomando igual, un poco como si estuviera lesionada y con filosofía. No queda otra.

P.- Luego cogerá la moto con más ganas todavía.

R.- Sí (ríe). Habrá que tener mucha cabeza para no hacerse daño, con mucha calma.

P.- Coger la moto será una de las primeras cosas que querrá hacer cuando esto acabe, ¿tiene algo más en la cabeza?

R.- Abrazar a mi familia. Ir a ver a mis abuelas, tener contacto con ellas se echa de menos, porque estás acostumbrada a verlas cada día y al final tienes que dar un paso y pensar que les puedes hacer daño. Lo primero que haré será eso y luego organizarnos.

P.- Al final estamos aprendiendo la importancia de algunas cosas básicas, como el afecto humano.

R.- Sí. Por suerte, y por casualidad, mi hermana, que es ingeniera, estaba en Francia haciendo un test y justo vino y dos días después cerraron las fronteras así que se quedó aquí. Estoy con mis padres y mi hermana; ya somos unos cuantos (ríe).