• Portada de la primera revista de "Expresas", con ilustración de CACHETEJACK, fotografiada por Iván Navarro.

  • Portadas de las revistas 1 y 2 con ilustraciones de CACHETEJACK cedidas por Impresas.

  • Logo de Impresas. Fotografía de Estrella Jover.

  • Dibujo de la ilustradora-colaboradoa Lola Barcia. Fotografía de Estrella Jover.

  • Fotografía de Estrella Jover.

  • Imagen interior de revista "Expresas", fotografía de Iván Navarro.

“Expresas”, libertad de expresión y feminismo entre rejas

Natalia Ibáñez Guinea | Madrid - 8 junio, 2021

Cada viernes por la tarde, el equipo de «Impresas» visita la prisión de mujeres de Picassent, en Valencia, donde, junto a quince de las reclusas, confeccionan «Expresas», una revista elaborada en su totalidad por las internas que asumen el control de todas y cada una de las decisiones.

Las creaciones de estas mujeres han traspasado las rejas, llegando a los hogares de cientos de personas gracias a la distribución mediante crowdfunding de los dos primeros números terminados.

Se trata de un proyecto capitaneado por la periodista Pilar Almenar, quien en 2017 reunió a otras cuatro profesionales del ámbito social y cultural, para llevar a cabo talleres participativos de creación literaria colectiva en el entorno penitenciario.

Altavoces de empoderamiento

«En ‘Impresas’ no damos voz a nadie, porque ellas ya tienen las suyas. Lo que generamos es un espacio donde puedan trasladarlas, amplificarlas y hacerlas llegar a través del canal de la revista a muchas personas que quizá nunca habían pensado que existen mujeres en prisión que tienen cosas que contar. Y por supuesto que las tienen», asegura a Efeminista la líder del proyecto, quien aboga por un periodismo que «sirva de herramienta para el empoderamiento y la transformación social«.

Aunque la iniciativa empezó a diseñarse en 2017, su primer taller no vio la luz hasta un año después. El paso previo a la presentación de «Impresas» a las mujeres del Centro Penitenciario Antoni Asunción-Hernández de Picassent, el más grande de España y el segundo de Europa, fue la creación de un «panel de expertas» conformado por exreclusas usuarias de la Asociación Àmbit.

«Queríamos que fuera un trabajo de abajo para arriba donde ellas decidiesen también el enfoque«, continúa Almenar.

En octubre de 2018, las cinco mujeres a las riendas de «Impresas» entraron por primera vez en la prisión de Picassent, en cuyo comedor del módulo 18 presentaron el proyecto a cerca de sesenta asistentes. Al finalizar, todas aplaudieron.

Seguridad y horizontalidad

Almenar achaca el inmediato éxito de la iniciativa a que «nadie les ha dado antes la oportunidad de pensar en ellas mismas con un rol que no sea el de cuidadora, madre o mujer de alguien, y nunca se han visto a sí mismas creando un producto cultural».

«Nos fuimos con las manos llenas de instancias. Muchas decidieron ahí mismo que querían participar», rememora la periodista y responsable de la coordinación gráfica, Laura Bellver, en referencia a las cuarenta mujeres que se inscribieron en el taller pese a que sólo se podía seleccionar a quince para «poder atender sus necesidades y acompañarlas de una forma más cercana«.

«Cuando el grupo está más o menos formado, se genera un contrato de convivencia en el que todas nos comprometemos a exponer nuestras necesidades y respetar las de las demás, para que, a partir de ahí, se vaya generando un espacio de responsabilidad y confianza», apunta la psicóloga y responsable del equipo social, Rus Martínez.

La creación de un clima de seguridad y horizontalidad social es una de las máximas de «Impresas», con el fin de que los textos que escriban las reclusas para «Expresas» sean de lo más sinceros, genuinos y profundos. 

Todo el control creativo

Como resultado, algunos de los temas tratados en las dos primeras ediciones de la revista giran en torno a la maternidad en prisión, la drogadicción, la transexualidad, el machismo e incluso cómo es vivir en siete metros cuadrados y cómo es hacerlo además en mitad de una pandemia.

«La metodología que se aplica a los talleres tiene que ver con la idea muy marcada de que la revista la tienen que hacer ellas y que nosotras lo que hacemos es acompañarlas», apunta la fotoperiodista y responsable de contenidos, Estrella Jover.

Así, en los talleres semanales, ubicados en un aula escuela del módulo 18 de la prisión, son las reclusas quienes toman el mando de todas las decisiones de «Expresas», nombre de la cabecera también escogido por ellas, al igual que su curioso formato cuadrado.

«Eligen incluso el tamaño de la tipografía porque, cuando el compañero maquetador les presentó los textos, ellas dijeron que eran muy pequeños y que hay señoras que necesitan gafas y no pueden acceder a ellas y por eso necesitaban una letra más grande«, recuerda Almenar.

Autoestima, equipo y sororidad

Las tardes de viernes, de 17,00 a 19,00, para ellas son de explosión creativa pero también de «florecimiento del autoestima», como expresa Martínez.

«Confianza en una misma, trabajo en equipo, sororidad… Estas cosas tan pequeñitas pero tan bonitas las vemos en casi todas las participantes porque al final pasan a ocupar un rol nuevo en el que no son juzgadas»,  explica la psicóloga, que además subraya que en el corto plazo se observa un «impacto brutal, en ellas y en sus entornos». 

«Una de las chicas ha aprendido a leer dentro de prisión y es una pasada. Uno aprende a escribir, pero eso no significa que antes no supiese crear, pero es verdad que la palabra escrita te da la normalización y este taller le da la oportunidad de ponerlo en práctica«, cuenta Jover, refiriéndose a que muchas de las participantes terminan por convertir la escritura en una herramienta que las ayuda en su día a día, ya sea comunicándose con otros, a la hora de hacer solicitudes o incluso en la reinserción.

«Hay mujeres que después del taller se han reenganchado al sistema educativo y han empezado a estudiar de nuevo», comenta Almenar, recordando el caso de una de las redactoras de «Expresas» que, inspirada por la licenciatura de Jover en Filosofía, se decantó por estudiar la misma rama cuando obtuvo la condicional.

Un impacto recíproco

Y de la misma manera que «Impresas» tiene un impacto positivo en las reclusas, lo tiene en sus coordinadoras. La propia Jover ha vuelto a un camino «que no pensaba transitar nunca», el del profesorado.

«Yo no quería ser docente cuando acabé la carrera y después de estar tres años en «Impresas» estoy haciendo ahora un máster», se sincera la fotoperiodista, que además asegura que formar parte del proyecto la ha convertido en una persona «un poco más enfadada con el sistema», e incluso «más política y consciente de la lucha de clases». 

En el caso de Bellver, las internas le han trasladado la resiliencia.

«Es una palabra que se ha puesto muy de moda en el confinamiento, pero es algo que existe desde hace mucho tiempo en contextos mucho más complicados y ellas son un baluarte de eso, de la superación y de las ganas de estar siempre trabajando por el desarrollo personal«, expresa.

Llegar lo más lejos posible

Mientras se confecciona el tercer número de la revista en Picassent, los dos primeros ediciones de «Expresas» están empezando a llegar a los hogares de los más de trescientos mecenas que confiaron en la iniciativa a través de Verkami, una plataforma de crowdfunding. 

«Vimos que solucionábamos dos cuestiones: por un lado, financiar el proyecto, y por el otro, hacer llegar la voz de estas redactoras lo más lejos posible«, conluye la líder de «Impresas», proyecto que ha conseguido recaudar más de 20.000 euros y cuenta con el apoyo de La Caixa y del proyecto «La Capital de Diseño Mundial» que, auspiciado por el Consejo Internacional de Sociedades de Diseño Industrial, tiene como objetivo la promoción de ciudades en el campo del diseño y que en 2022 tendrá  lugar en Valencia.