Dali Nolasco

Dalí Nolasco, fotografiada por Alessandro Vargiu. Cedida por Slow Food.

Dalí Nolasco: «Se están yendo nuestras enciclopedias vivas»

Mercedes Ortuño Lizarán | Roma - 16 marzo, 2021

Las mujeres han inculcado históricamente los saberes tradicionales en las comunidades indígenas de generación en generación: “El encierro ha permitido que los pueblos indígenas revaloren todos los conocimientos que se habían quedado en el olvido. Que las abuelitas y las mamás estén ahora con los jóvenes transmitiendo todo ese saber es una oportunidad para que retomemos esos conocimientos”.

Quien habla es Dalí Nolasco Cruz, miembro del pueblo Nahua en la región mexicana de Puebla, preocupada especialmente por la vulnerabilidad de los mayores frente a la pandemia: “Se están yendo nuestras enciclopedias vivas”, lamenta en una entrevista con Efe la representante de la Red Internacional Terra Madre de Slow Food en México, que denuncia además la falta de acceso de los pueblos indígenas al sistema de salud de las ciudades.

Los pueblos indígenas somos los más rezagados en cuanto a servicios. Se ve reflejado en las muertes de las personas que ni siquiera pudieron recibir una atención. En México hay gente que no se pudo hacer una prueba rápida de COVID-19. Ni siquiera alcanzó a ir a un centro de salud porque no existen en las comunidades”, explica.

Acceso a las vacunas y medicina tradicional

Frente a las complicaciones en el acceso a los centros sanitarios, la medicina tradicional está siendo el remedio para muchas personas indígenas. Pero, según Nolasco, no siempre se ve con buenos ojos por parte de las instituciones: “No se reconocen las formas de organización ni la medicina tradicional.

Ha faltado crear mecanismos en los que los métodos indígenas sean valorados. Los Gobiernos y los sistemas de salud no ven con dignidad estos saberes”. “Me parece que hay mucha falta de sensibilidad y empatía por parte de los Gobiernos hacia los pueblos indígenas”, opina Dalí Nolasco, que vaticina que también quedarán “rezagados en el acceso a la vacuna”.

El sistema de inscripción para la vacunación -que ha comenzado con las personas mayores- le parece discriminatorio: “El Gobierno mexicano ha decidido que se registren a través de una plataforma. En los pueblos en los que ni siquiera tienen luz y nadie de la comunidad tiene acceso a una computadora, ¿cómo van a apuntarse para recibir la vacuna?”.

Resiliencia indígena frente a las injusticias

Los pueblos indígenas viven principalmente del cultivo de la tierra. Mientras “los productores ya no pueden sacar sus puestos al mercado”, las grandes empresas extractivistas han seguido con su actividad, según denuncia la representante de Terra Madre, que tilda esta situación de “injusticia económica”.

“Algunas empresas pensarán que estamos más ocupados por sobrevivir al COVID-19, pero sabemos que la extracción de nuestros recursos naturales, la destrucción de nuestra biodiversidad o el acaparamiento de nuestras tierras también es una pandemia que hemos vivido de manera histórica”, apunta Nolasco.

Las organizaciones criminales del narcotráfico tampoco han parado durante la pandemia y aprovechan la flaqueza de los pueblos, según Nolasco Cruz: “Hay comunidades que están sometidas y no tienen otra alternativa”, lamenta. “Estas son las realidades que los pueblos indígenas vivimos. Siempre ha sido una lucha constante por nuestra propia vida”.

Aun así, “de todo lo tremendo de la pandemia, hay muchas iniciativas que vale la pena rescatar para que sean modelos replicables e inspiradores”, opina Nolasco Cruz, coordinadora de un proyecto de Terra Madre que ha formado a jóvenes latinoamericanos con el objetivo de que desarrollen “proyectos locales con sentido de pertenencia y de orgullo indígena y campesino”.

Violencia contra la mujer

“El problema de género se ha agravado” también en las comunidades indígenas durante la emergencia de COVID-19, explica Nolasco, que pone el foco en cuestiones “de las que no se habla”, como el “alto número de embarazos de niñas” indígenas. “No hablamos de los abusos que existen en las comunidades indígenas y rurales”, una lacra que -considera- podría reducirse con “una educación sexual laica, hablada desde el placer”, que se aleje de “mitos y creencias”.

“Las mujeres somos personas que, en su mayoría, vivimos algún tipo de violencia. Durante la pandemia, mujeres que sufren violencia física, psicológica o de cualquier tipo pasan prácticamente las veinticuatro horas del día conviviendo con su agresor”, apunta Dalí Nolasco.

Además, “las cargas de trabajo [de las mujeres] se han multiplicado por mil” a raíz de la pandemia. A las responsabilidades laborales -apunta Nolasco Cruz- se suman las domésticas en un “sistema patriarcal que nos dice que nosotras debemos ser las cuidadoras”.