Autonomía económica para una mujer empoderada y libre de violencias en América Latina

Macarena Soto | Madrid - 23 marzo, 2021

La costarricense Rebeca Grynspan y la uruguaya María-Noel Vaeza lideran sendas instituciones políticas y de cooperación y comparten un camino marcado tanto por los éxitos como por las barreras que les tocó superar para romper los famosos techos de cristal. 

Al frente de la Secretaría General Iberoamericana (Segib) y de la dirección de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, respectivamente, estas dos grandes excepciones se ha unido para elaborar un informe sobre el empoderamiento económico de las mujeres iberoamericanas y las leyes y barreras legales que lo impiden, que se presenta este 23 de marzo en España. 

«Seguimos teniendo al menos dos leyes discriminatorias por país. Hay una agenda legislativa que todavía no está terminada», dice Grynspan en una entrevista con Efeminista, mientras que Vaeza asegura que «una mujer que tiene autonomía económica es una mujer que va a sufrir menos violencia».

Grynspan y Vaeza hablan sobre empoderamiento económico

Pregunta (P).- ¿Por qué Segib y ONU Mujeres han realizado un informe sobre eliminación y modificación de leyes que impiden el empoderamiento económico de las mujeres? 

Respuesta Rebeca Grynspan (R.G.).- A pesar de que pensábamos que esa tarea estaba terminada, es cierto que en el marco normativo todavía nos encontramos con reglas, normas y leyes discriminatorias en término del empoderamiento económico de las mujeres.

Hemos determinado que por lo menos seguimos teniendo dos leyes discriminatorias por país que son obstáculos importantes. Así es que hay una agenda legal que todavía no está terminada y que debemos impulsar para debilitar los obstáculos que seguimos enfrentando.

Respuesta María-Noel Vaeza (M.V.).- Invertir en el empoderamiento económico contribuye directamente a la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y el crecimiento económico inclusivo, eso lleva a que las mujeres empoderadas no tengan que estar con su depredador y puedan lograr esa autonomía. La desigualdad de género se perpetúa a causa de la discriminación y de sus normas sociales perniciosas que llevan a que la mujer se queda en ambientes tóxicos.

Esas normas limitan la movilidad de la mujer fuera del hogar y hace que las mujeres no tengan esa libertad de acción. Una mujer que tiene autonomía económica es una mujer que va a sufrir menos violencia, no quiere decir que no la sufra, porque la va a seguir sufriendo, lamentablemente porque la violencia contra la mujer es un continuo desde que es pequeña.

La violencia y el ámbito económico, los principales retos

P.- ¿Cuáles son los mayores retos que enfrentan las mujeres en Iberoamérica?

M.V.- El mayor reto es la violencia en el hogar, en la política, en el ciberespacio, en los espacios públicos, en el transporte público, es el principal reto porque impide que la mujer pueda actuar libremente.

Otro gran reto es la falta de sistemas integrales de cuidados, que hace que la mujer no tenga tiempo para dedicarse a otras tareas y, por último, la discriminación que sufre la mujer para abrir una cuenta bancaria, para conseguir un crédito para desarrollarse como emprendedora; existen grandes barreras que hacen que la mujer pierda oportunidades y la sociedad pierda oportunidades de crecimiento justamente porque la mujer no está ingresando al mercado laboral. 

R.G.- El primer obstáculo no lo leen muchos y no lo quieren creer porque se trata de compartir el poder económico. En el ámbito económico tenemos rezagos importantes, en inserción laboral, la brecha salarial, la informalidad, la participación en consejos directivos, todavía tenemos un hueso duro de roer en términos de empoderamiento económico. La región ha avanzado mucho en términos de los derechos, no es lo mismo lo que vivíamos las mujeres 50 años atrás, 30, 20 que lo vivimos ahora, pero al mismo tiempo hay que decir el camino que queda es muy largo. 

Las mujeres en los procesos electorales de la región

P.- En este 2021, prácticamente todos los países de América Latina celebrarán elecciones en uno u otro nivel, ¿la victoria de ciertos líderes conservadores puede suponer un retroceso para las mujeres?

M.V.- Espero que los procesos electorales no produzcan retrocesos, pero puede ser que sí. La COVID ha significado grandes retrocesos en materia de igualdad y en materia de espacios que la mujer había alcanzado. La mujer ha dejado ejemplos claros de cómo su liderazgo en algunos países ha logrado evitar las consecuencias más profundas del virus.

El impacto diferenciado de la pandemia, aunado a la carga de cuidados no remunerado, puede afectar a los derechos políticos de las mujeres en tanto que electoras, candidatas, autoridades de mesa, personal electoral… La preocupación es que vuelvan a ser relegadas a espacios privados y vean limitadas sus posibilidades de participar en lo público.

R.G.- Hay una agenda donde uno sí puede tener aliados transversales, hay muchas agendas que nos han dividido, pero la agenda del empoderamiento económico une y no divide. Si vamos al súper ciclo electoral es un momento para meter estos temas en la agenda política y de discusión democrática.

Lo hemos demostrado en Ecuador (que se encuentra en pleno proceso electoral presidencial, a esperas de la segunda vuelta) que logramos que aprobaran el convenio 190 (de la Organización Internacional del Trabajo) contra acoso laboral. A veces al final de la legislatura es cuando más abiertas están las bancadas para tratar de hacer un esfuerzo en sacar adelante leyes pospuestas en el periodo anterior.

El retroceso de los derechos de las mujeres tras la pandemia

P.- ¿Qué está perdiendo la región por discriminar a las mujeres y cómo va a afectar la pandemia a esa discriminación?

M.V.- La región está perdiendo muchísimo, crecer, desarrollarse, no solo es una falta social, en los Derechos Humanos de las mujeres, sino económica. Hay estudios que indican que el PIB de la región podría aumentar hasta un 14% anual si las mujeres tuvieran la misma participación en la economía.

Imagínense la energía transformadora y el ímpetu y la creatividad que se pierde por no dar igualdad de oportunidades a la mujer. Invertir en las mujeres es una decisión inteligente, es un buen negocio, además de ser un imperativo ético moral.

R.G.- El retroceso de la pandemia es brutal. En América Latina la pobreza de las mujeres ha aumentado un 22%, 118 millones de mujeres al iniciar el 2021 están por debajo de línea de pobreza; la informalidad ha aumentado significativamente; el 33% de las mujeres que estaban trabajando en el sector formal no volverán al trabajo.

En todo ello veo un gran retroceso, igual que en violencia de género y el debilitamiento de la economía del cuidado donde la sobrecarga en las mujeres hace aun más difícil la conciliación trabajo-familia. Veo todos esos ámbitos con mucha preocupación y luego el “quédate en casa” se ha convertido en “quédate para siempre” y eso es un gran retroceso.

El futuro de las mujeres en América Latina

P.- ¿Hay motivos para ser optimistas? 

R.G.- Mi optimismo son las mujeres jóvenes, creo que ha habido un cambio cultural, que las mujeres jóvenes están empoderadas, tienen una voz, han tomado la antorcha, porque las mujeres de mi generación nos preguntábamos si las jóvenes no lo iban a ver como que ya no era un tema.

Yo he visto esta energía de las mujeres en la calle, en Argentina, en Chile, en mi país Costa Rica, lo veo como un factor de transformación y que las mujeres más que nunca se están asumiendo en algo en lo que yo insisto mucho y es que las mujeres no somos un grupo vulnerable, sino vulnerado en nuestros derechos, y queremos que nos vean en nuestras capacidades de transformación. 

M.V.- En diez años me imagino que en América Latina vamos a tener el 50% de mujeres presidentas, ahora tenemos cero, así es que soy muy optimista. Cada vez hay más mujeres que están aprendiendo a hacer política de otra manera, están aprendiendo a demostrar que tienen el conocimiento técnico, la experiencia y que tienen don de gentes para poder pensar en el bien común, evitando la corrupción y tomando a la mujer en el centro en la resolución de conflictos.

Creo que América Latina y el Caribe sería mejor con más mujeres presidentas y ojalá que quienes eligen, eliminen esos sesgos discriminatorios y se animen a elegir a más mujeres.