agentes rurales

Anna Servent (i) y Blanca Doya. EFE/Marta Pérez

Anna y Blanca, dos agentes rurales que rompieron el molde

Lara Malvesí | Barcelona - 19 abril, 2022

Anna y Blanca son dos agentes rurales que decidieron romper estereotipos. Se adentraron en una profesión masculinizada, en la que no tenían referentes, y ahora son ejemplos a seguir. Patrullando las montañas y los parques naturales catalanes, así como entornos más agrestes y solitarios, han conseguido romper el molde y abrir camino a futuras compañeras.

Anteriormente al año 2000, el cuerpo de agentes rurales de Cataluña no contaba con ninguna mujer entre sus filas. Ese es el motivo por el que las primeras mujeres que se comenzaron a incorporar se encontraron solas y rodeadas de hombres, con uniformes que no se ajustaban a sus cuerpos y sin baños propios.

Y, aunque el número de mujeres ha aumentado, actualmente solo el 13 % del total de los miembros del cuerpo de agentes rurales de la Generalitat son mujeres.

La única mujer

La agente que lleva más tiempo en activo en el cuerpo es Blanca Doya, una mujer que siempre tuvo claro que la montaña era «su lugar» y que conoce cada centímetro de bosque del Pallars Jussà.

«Yo quería vivir en el campo, cuidarlo. Cuando llegué al cuerpo, no había ninguna mujer. Siempre iba de copiloto e incluso me encargaban tareas de secretaria. Creo que en parte era porque trataban de protegerme. Era otra época en la que había muchos trabajos de fuerza física», ha explicado a Efe.

Mientras que dentro del cuerpo era una rara avis, Doya notaba que a las mujeres rurales de las poblaciones que visitaba «les gustaba» que una agente patrullara e incluso algunos le confesaban que les hubiera encantado también ser una «ranger».

«A día de hoy todos somos iguales como agentes. Quizá nosotras tenemos un plus organizativo, pero es una opinión personal», ha señalado.

Feminización del mundo rural

Anna Servent, la jefa regional del Alto Pirineo, tiene claro que «no hay diferencias» entre el trabajo que puede hace un agente rural o una agente y ha explicado que la desproporción de género se debe a «un problema clarísimo de falta de referentes».

La superior ha relatado que las pruebas físicas no son realmente el factor clave para que no haya más candidatas, sino que «se realizan tareas que culturalmente han estado asociadas a lo masculino, como conducir un todo terreno, llevar armas o estar solas en la naturaleza».

Con todo, ha contado que poco a poco el mundo rural se feminiza como el resto de la sociedad y cada vez inspeccionan, por ejemplo, a más agricultoras o más mujeres cazadoras. «Vamos rompiendo estereotipos de género», se ha congratulado.

Ha destacado además que parte de la labor del cuerpo de agentes rurales es el cuidado de la naturaleza y los animales autóctonos, y «ahí hay ventaja en el número de mujeres concienciadas por el medio ambiente y la protección animal«.

Ha puesto en valor también de su trabajo «que cada día sea diferente» y que su tarea repercuta «directamente en el entorno» en el que vive con pequeños gestos.

«Ángel de la guarda» en la montaña.

Preguntadas sobre situaciones que les hacen ver cómo están rompiendo estereotipos desde de la perspectiva de género, Anna ha recordado cuando en varias ocasiones acudió a «rescatar» a un hombre atacado por una serpiente.

«Es una imagen muy simbólica la de la mujer y la serpiente», ha dicho.

También a Blanca le gusta la sensación de llegar la primera a una incidencia, socorrer a quien se ha quedado perdido en el bosque o ayudar al urbanita al que se le ha pinchado una rueda y no sabe cambiarla. Para todos ellos esta agente rural es un auténtico «ángel de la guarda» en la montaña.

Sobre si no les da miedo estar solas en medio del bosque, Anna ha contado que la montaña «es igual de peligrosa que la ciudad». Blanca ha señalado que ella siente «más respeto» por las zonas urbanas pues allí no conoce a nadie, mientras que en el entorno rural acostumbra a haber «más familiaridad».

Por todo ello, las dos agentes rurales pioneras han animado a las «mujeres del campo» a que se unan al cuerpo de agentes rurales en las próximas oposiciones, para las que la Generalitat ha hecho una reserva del 40 %.

Porque, además, han contado, la mujer rural tiene «condiciones a menudo precarias pese al gran trabajo que realizan y su conocimiento del medio y ganas de seguir viviendo en el territorio», lo que las hace candidatas ideales para ser agentes rurales.