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Portada del libro "A contrapelo" de Bel Olid. Foto: Capitan Swing

«A contrapelo» indaga en cómo la depilación ejerce el control social sobre las mujeres

Cristina Bazán | Guayaquil - 17 noviembre, 2020

Aunque a simple vista no depilarse las piernas o las axilas puede parecer algo banal, decidir romper esta norma social puede influir en el bienestar emocional de las mujeres, que muchas veces son criticadas, o incluso despedidas de sus trabajos, por no cumplir con un canon de feminidad establecido. 

La escritora Bel Olid (Mataró, 1977) ha sufrido en carne propia las críticas y ha querido reflexionar en su nueva obra «A contrapelo. O por qué romper el círculo de depilación, sumisión y autoodio» (Capitán Swing, 2020) sobre cómo depilarse no es una elección libre sino que está marcada por el control que tiene la sociedad sobre el cuerpo de las mujeres.

«Nosotros vivimos en una sociedad en la que se nos valora, especialmente a las mujeres, por cómo es nuestro cuerpo y por cómo nos presentamos socialmente y por eso damos mucho peso a nuestro aspecto físico«, señala Olid en una entrevista con Efeminista.

Con este ensayo, la también autora de ‘Feminismo de bolsillo’ y ‘¿Follamos?’ asegura que no pretende imponer su punto de vista o «hacer proselitismo» sobre la no depilación sino, más bien, «aportar algunos argumentos a la reflexión» para que luego «cada persona tome sus decisiones y viva su vida como le parezca».

«A contrapelo», basada en una experiencia personal

Olid inicia el libro con su experiencia personal: «Decidí no volver a depilarme», y durante todo el primer capítulo rememora una serie de momentos que la llevaron a tomar la decisión a sus cuarenta años.

«El fracaso absoluto a la hora de mantener a raya mis pelos era más que un fracaso práctico que me condenaba a pantalones largos y días sin playa: era un fracaso manifiesto de mi feminidad», describe en la obra.

Con el paso de los años, cuenta, se fue percatando de que depilarse le resultaba más incómodo y molesto que cualquier comentario que podía llegar a recibir por la calle. «Pensé: llevo años haciendo algo que me molesta, que es doloroso, es costoso en tiempo y dinero, y que no sé para qué lo hago y entonces, como no me gusta hacer las cosas sin entender, me decidí a reflexionar sobre la razón».

Violencias simbólicas

«Me di cuenta de que es algo que parece muy superficial, pero que en realidad es muy simbólico de las violencias que soportamos las mujeres para conformarnos a un cierto canon», agrega la profesora universitaria.

Sin embargo, la experiencia de Olid es solo uno de los cinco apartados de este ensayo que se ha publicado también en catalán y gallego, y en los que profundiza sobre lo que en realidad hay detrás de esta decisión.

«El problema son las normas sociales y el control»

Aunque depilarse debería ser una decisión solo de las mujeres, para Olid esto casi nunca es así. «Desde el momento en el que el resultado de si lo haces o no es muy distinto porque depende de cómo se te recibe socialmente, ya no es una decisión que tomes solamente tú. La sociedad en parte la está tomando por ti. También porque se da por hecho que lo vas a hacer», explica la escritora.

Las normas caen sobre el cuerpo de las mujeres

El problema, reitera, va más allá de la depilación, pues tiene que ver con «el control» y «las normas sociales» que recaen sobre el cuerpo de las mujeres. «El problema es que yo no estoy siendo una mujer como se espera que sea, a este nivel y a muchos otros, pero creo que tengo el derecho de ser la mujer que soy y eso es potente también».

Nos han educado así

«La vergüenza personal nos sale naturalmente porque nos han educado así, pero yo creo que se puede superar pensando: qué orgullo estar defendiendo algo en lo que creo, que es el derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros cuerpos«, afirma.

Por eso cree que es positivo que las mujeres que tienen más libertad o les preocupa menos la opinión de la gente, porque no influye ni en sus trabajos ni en su vida social, sean las que abran el camino a las demás. «Creo que tengo también una responsabilidad hacia las que no pueden, porque en la medida en que seamos más las que nos saltamos algunas normas, estamos creando espacio para que las demás las puedan saltar», dice.

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La escritora y traductora Bel Olid. Foto: Cristina Candel.

Los bulos alrededor de la depilación

En la obra, la escritora desmonta también bulos relacionados a la depilación, como el del supuesto aumento del olor corporal cuando el vello crece. «Sabemos que las bacterias que causan el olor corporal proliferan en la piel y se multiplican si te quitas el pelo y por lo tanto hueles más que si tienes pelo. Entonces lo único que hay que hacer es ducharse con normalidad todos los días y no hay ningún problema», precisa Olid.

«Por supuesto que si no te duchas en tres días vas a oler. Pero es que también vas a oler aunque no tengas vello, ¿no?»

Según detalla en el ensayo, un estudio publicado en 2017 por la revista Infectious Diseases in Obstetrics and Gynecology señala que existe una correlación entre la depilación del pubis y la neoplasia intraepitelial vulvar, que son células precancerosas que crecen en la piel de la vulva. «Entonces no lo haces por salud, sino por otra cosa. La salud ciertamente no es un motivo para hacerlo«, recalca.

La presunta disminución del deseo sexual hacia las mujeres que deciden conservar el vello también es explorado por la autora en uno de los capítulos del libro. Una premisa que no se pone en cuestión en el caso de los hombres, sino que, por el contrario, es criticado por no llevarlo.

«Tu novia no se depila ¿Cómo puede ser?»

«Lo que inviste autoridad a los hombres, que son vistos como maduros y sabios cuando lucen barbas densas, es inadmisible para las mujeres. Las mujeres barbudas han sido tradicionalmente carne de circo y ridiculización, un objeto de fetichización», relata Olid en el libro.

En este punto, reflexiona, también suele operar el machismo disfrazado de un comentario «amistoso». «Las parejas hombres de las mujeres que no se depilan, se ven interpeladas por sus amistades a ejercer control sobre los cuerpos de sus novias. Los amigos les dicen ‘oye, tu novia no se depila, pero ¿cómo puede ser? ¡Qué asco!, cuando a muchos les daba lo mismo».

Olid espera que este ensayo genere autocuestionamientos y que más mujeres decidan romper este círculo «asfixiante y doloroso» de satisfacer a los demás y de seguir un mandato social con el que no son felices. «Esto es algo que damos muy por hecho, que nos sentimos muy obligadas, que sentimos que es algo de lo que no podemos escapar cuando en realidad sí que podemos. Me parecía interesante tomarlo como excusa para animar a rebeliones más profundas».